LA CAMPESINA QUE CONMOVIÓ AL PAPA

En la Iglesia de San Francisco de Quito, Ecuador, el Papa Francisco se reunió con empresarios, indígenas, afroecuatorianos, montubios, personas con discapacidad y grupos católicos.
El Pontífice fue recibido con la canción “Taita” palabra quichua que significa papá y tras escuchar a los empresarios Francisco Jarrín y Lidia Arcos, la Orquesta Siamune de niños especiales interpretó la canción Si tú me olvidas, finalizada la interpretación dos niñas de la orquesta se acercaron a saludar al Papa. Apareció entonces una campesina con trenzas, sombrero y falda, adornada con cintas y encajes blancas y verdes, se paró frente al micrófono y con cierta inquietud dijo: “La emoción me hace llenar de nervios… La emoción de estar con nuestro Papa Francisco, me van a disculpar si en algo me equívoco”.

Luego leyó pausadamente su mensaje: “Querido Papa Francisco, soy Imelda Caicedo Vega, tengo 85 años de edad, colaboro como catequista desde hace 60 años. Vengo de la provincia de Los Ríos y represento al pueblo Montuno, somos los campesinos de nuestra costa ecuatoriana; la noticia de su visita nos lleno de mucha alegría porque vemos en su Santidad al enviado del Señor y nos habla al corazón con sencillez que lo caracteriza, usa nuestra lengua y las expresiones del pueblo; cuando nos enseña a amar a Dios y a confiar en su misericordia sentimos la presencia del padre bueno que educa con paciencia y humildad, sabemos que los pobres y necesitados estamos en sus oraciones, en sus discursos, en sus acciones”.

Imelda hizo una pequeña pausa y mirando al Papa le expreso su gratitud: “Gracias Santo Padre”. El Papa le seguía atentamente e Imelda continúo: “Papa Francisco el pueblo Montubio quiere responder a la llamada a la evangelización y hacer Iglesia en salida desde nuestra experiencia del trabajo del campo y en contacto con la naturaleza, contemplando la belleza de la creación, guiados por las palabras de nuestros pastores y sostenidos por los sacramentos de la Iglesia; queremos ser también misioneros, vivir y anunciar el Evangelio con alegría, como lo hicieron Santa Narcisa de Jesús Martillo y la Beata Mercedes de Jesús Molina hijas del pueblo Montubio, orgullo de nuestra raza.

Ellas descubrieron el amor de Dios en los quehaceres de la vida campesina y decidieron consagrarse al servicio de los niños pobres, de las familias en dificultad y en las misiones; con Santa Narcisa queremos decir como expresión de nuestra fe y compromiso misionero: Tú vas conmigo Jesús yo voy contigo Señor. Abrimos de para en par las puertas de nuestros hogares para que la luz de Cristo ilumine la situación familiar, a veces marcados por la violencia, el machismo, la falta de medios para la educación, la explotación laboral y el poco conocimiento de la fe. Durante muchos años, cuando no teníamos sacerdotes, la fe católica se mantuvo en nuestro pueblo gracias a la devoción a la Virgen María por eso le decimos que Ella es la gran misionera del pueblo Montubio.

Queremos tomar parte activa en la vida de la Iglesia y en la sociedad, estamos convencidos de que un buen cristiano tiene que ser protagonista de grandes cambios pues las transformaciones sociales se harán realidad si todos asumimos nuestras responsabilidades y nos guiamos por los criterios de Cristo que siempre nos habla del amor, del perdón, la fraternidad, la generosidad, solo así sabremos afrontar aquellos que quieren manipularnos y utilizan a los pobres para implantar proyectos e ideologías perversas que van contra la vida y la familia, que destruyen al hombre y le arrebatan su dignidad.

Santo Padre cuente con la cercanía y la oración de nuestro pueblo, nos responsabilizamos a rezar a la Virgen de la Merced, patrona del litoral ecuatoriano, por el bien de su misión apostólica y para que su mensaje llegue a las periferias y a los que sufren por el egoísmo y las injusticias”.

Imelda mirando al Papa concluyó: “Gracias por visitarnos y esperamos su bendición paternal”. El Papa visiblemente conmovido sonrió, se levantó de la silla y la abrazó, los asistentes aplaudieron y el Papa tomándole las manos le dijo “le voy a dar un recuerdito”, nuevamente hubo aplausos e Imelda regresó a su sitio, el Papa Francisco también.

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