“UNA BENDICIÓN QUE NOS CONFIRME EN LO BUENO Y NOS AYUDE A COMPARTIRLO” . MONS. ARREGUI

Ante una muchedumbre en el parque Samanes de Guayaquil, Ecuador; el Papa Francisco celebró la Eucaristía dedicada a la familia.
En su homilía sobre el evangelio que narra la conversión del agua en vino en las bodas de Caná, dijo: “La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino»…nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones son también preocupaciones de Dios”.

El Sumo Pontífice explicó además que “El mejor de los vinos está en la esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor… Y el mejor de los vinos está por venir aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario; el mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo”.

“Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas”, puntualizó.

Antes de terminar la eucaristía del Papa, Monseñor Antonio Arregui Yarza, Arzobispo de Guayaquil y Vicepresidente del Consejo de Administración de la Fundación Populorum Progressio, agradeció por la elección de Guayaquil y toda la zona costera del Ecuador para el encuentro con Jesucristo a través de la Eucaristía y de la visita del sucesor de Pedro.

“Se trata de un verdadero cariño que mira nuestros muchos vacíos y necesidades, en un derroche de comprensión, amable cercanía y ánimo de ayudar… queremos a partir de hoy dejarnos llevar por el impulso que su Santidad ha suscitado para que nuestros hogares crezcan conforme al modelo de la Sagrada Familia, para que vivamos unidos en la fe, para que aportemos con libertad y abnegación a la plenitud humana de nuestra cultura y de nuestra sociedad…hoy queremos recibir de su Santidad una bendición que nos confirme en todo lo bueno y nos ayude a compartirlo”. En seguida el Papa Francisco le abrazó y le obsequió un cáliz que el Arzobispo mostró a la multitud haciéndola participe del regalo.

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